Hay una moda últimamente que me tiene fascinada: la gente soñando con ser Heidi versión siglo XXI en las montañas asturianas. 🤡
Lo malo es que Heidi vivía en un cuento infantil suizo, y aquí hablamos de Asturias, donde en invierno una tormenta ya te encierra en el piso de Gijón sin ganas ni de bajar la basura.
Pero oye, tú quieres vivir toda tu vida en el monte, autosuficiente, feliz y congelado.
Comprar la cabañita con toda tu ilusión y tu único dinero es como apuntarse a un reality de supervivencia sin contrato ni cámaras.
El final es previsible:
1. Te mueres de frío como un extra cutre de El Renacido.
2. Te quedas incomunicado, el coche roto, el pozo seco y las placas solares sirviendo de posavasos porque con tormenta no cargan ni el mando de la tele.
El mito de la autosuficiencia dura lo que tarda en atascarse el pozo negro.
¿Quién sube a arreglarlo?
Nadie. ¿Y si el pozo se seca?
Te toca rezar. ¿Y si te da un infarto?
Olvídate de ambulancias, helicópteros o taxis rurales: ni cobertura tendrás para pedir socorro.
Y luego está lo de los animales.
La idea suena tierna: vacas pastando, gallinas felices.
En la práctica hay que vacunarlas, llamar al veterinario que cobra más por subir la cuesta que por pinchar la vacuna, y cuando se te muera una vaca, dime tú cómo piensas bajarla. ¿En brazos?
¿En el asiento de atrás del Clio?
Además hay que quitar chip, papeleo, gestorías…
El campo no es un cuento, es una lista interminable de problemas con IVA.
Antes de comprar cabaña deberías comprarte un tractor 4×4, porque las carreteras de monte en invierno cierran y no pasas ni con rezos.
Y mejor que tengas un kit de supervivencia con latas, linternas y mantas.
Porque la primera nevada es de postal, la segunda aún hace ilusión, pero a la cuarta ya sueñas con Mercadona como si fuera Disneyland.
La realidad es simple: las cabañas en Asturias son para fines de semana, escapadas, vacaciones.
Para ir a desconectar un rato, no para vivir fijo.
Si te empeñas, acabarás hablando con los lobos como si fueran tus vecinos.
Mi consejo:
si quieres naturaleza y paz, compra una casa rústica bien comunicada, con prado grande, pero cerca de ciudades como Oviedo, Gijón, Pola de Siero o Langreo.
Así tendrás tus vacas, tu huerta y tu aire puro, pero también hospital, veterinario, internet y bar a menos de quince minutos.
El campo se disfruta, no se sobrevive. 😏






