Hola amig@s, hoy os traigo una de esas historias que nacen de la experiencia, de lo vivido por mí y por mucha gente que se ha cruzado con los impuestos de la compra-venta de fincas rústicas.
Es un tema delicado, lo sé, pero si no se cuenta como es, después llegan las sorpresas, y de las malas.
Yo siempre digo lo mismo: paga lo que te toca y duerme tranquilo.
Mejor pobre pero libre, que rico en apariencia y luego atrapado en multas, sanciones o incluso problemas legales.
No hay nada peor que vivir con el miedo de que un día llegue esa carta certificada que te recuerda que lo barato salió caro.
Muchos todavía, cuando escuchan consejos, prefieren quedarse con la versión bonita: “Si en el catastro no aparecen edificaciones, no pagas nada. Hacienda ni se entera”.
Y claro, con esa cantinela, hay quien se lanza pensando que ha encontrado el truco definitivo.
Error. Si compras una finca rústica sin construcciones, sí, el impuesto es 0.
Pero si en esa finca existe cualquier edificación, toca pagar el 8% (o el 10% si el valor es alto).
Y ahí no hay escapatoria.
La clave está en la escritura.
En ese momento hay que reflejar la realidad, aunque no coincida con lo que dice el catastro.
Si allí aparece “almacén” y en realidad es una vivienda con cobertizo, no te engañes: es vivienda, y eso hay que declararlo.
Insiste al notario, porque es la única forma de hacer las cosas bien y no tener un problema después.
Y atención: si quieres legalizar una casa que no figura ni en catastro ni en registro de propiedad, no sueñes con que va a salir gratis.
Págate tu 8% desde el principio.
El notario está obligado a comunicar la operación a Hacienda, y Hacienda ya no es aquella señora despistada de hace décadas.
Hoy lo ven todo: con Google Maps, con ortofotos, con satélites… pueden medir hasta los metros exactos de tu tejado.
Pensar que no se van a enterar es un insulto a su inteligencia.
Por eso, si eres de esos listillos que intentan meter en la escritura solo “terreno rústico” para esquivar el impuesto, lo que te espera es un sobre negro en el buzón.
Y dentro, además de la liquidación del impuesto que no pagaste, una multa que duele el doble.
Porque en Hacienda no perdonan a quien quiere ser más listo que ellos, y la jugada siempre acaba en derrota.
¿Que no tienes dinero para pagar en el momento?
Pues hay opciones: pide un préstamo a Cetelem o aplaza la deuda con la Agencia Tributaria del Principado, que da entre 18 y 24 meses para pagar.
Lo que no se puede hacer es mirar para otro lado.
Porque si no lo haces bien, el día de mañana pagarás el triple, y además sin dormir tranquilo.
Este es mi consejo: paga, legaliza y vive con calma.
El dinero se recupera; la tranquilidad, no.
Y si tienes dudas, habla conmigo, con Lola o con David.
Te lo diremos claro y sin adornos, porque preferimos ser sinceros y a veces duros, antes que dejarte creer en cuentos de hadas que después te saldrán carísimos. 🫵
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